El mensaje de la música
Todos conocemos los cinco sentidos: vista, olfato, gusto, tacto y oído. Creo que Dios quiere que disciplinemos los cinco sentidos. No describiré cada uno de ellos, pero podría escribir un sermón completo sobre los mismos. Dios quiere que disciplinemos los ojos y en esta época de la comunicación cada persona debe aprender a disciplinarlos. Tal vez recuerda a un evangelista famoso que cayó en pecado y dijo: "Toda mi vida he sentido fascinación por la pornografía". Debía saber que la indisciplina de sus ojos lo iba a alcanzar tarde o temprano.
Dios quiere que disciplinemos los cinco sentidos, pero observe cuál es el quinto sentido, es el oído. Dios dice que usted y yo, como hijos suyos, debemos disciplinar el oído, saber lo que es bueno y lo que es malo. Que debemos "ir al gimnasio" y aprender a disciplinar el oído. ¿Han observado todo lo que dice la Biblia sobre el oído? Es todo un libro acerca del oído, se menciona más de 1.500 veces en la Escritura. Busquen una concordancia exhaustiva y verán que Dios habla no menos de 1.500 veces acerca del oído. Lo hizo, porque lo considera importante, y si es tan importante para Dios también debe serlo para nosotros. Romanos 10:17 dice: "Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios". No es por la vista, por el tacto, ni siquiera por la experiencia, aunque algunos digan: "Yo tuve tal o cual experiencia y eso fortaleció mi fe". No, la experiencia no desarrolla la fe, sólo la Palabra de Dios puede hacerlo. La experiencia la puede confirmar, pero sólo la Palabra de Dios produce fe. Otros dicen: "Yo tuve tal o cual experiencia y eso destruyó mi fe". No, sólo la falta de la Palabra puede destruir la fe, porque si la experiencia pudiera destruir la fe, los creyentes en Rusia no tendrían fe alguna, pero al contrario, la fe de ellos es tan fuerte que no quieren saber nada de nuestro cristianismo.
Dios nos dice que la fe se produce "por el oír, y el oír, por la palabra de Dios". A Cristo se le llama en Juan 1:1 "el Verbo". El que oye. A Juan Bautista se le llamó: "La voz del que clama en el desierto". Lo que oye. La Palabra de Dios está llena de esto. Incluso en 1 Juan 1:1, el apóstol dice: "Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos..." Los educadores modernos le llaman a eso audios visuales... ¡Y creen que tienen algo nuevo! Dios ha hablado desde siempre y si tomaran este sólo versículo y entendieran su trascendencia, se apartarían de la televisión totalmente porque en ella tenemos el impacto tremendo de la vista junto con el oído. Tenemos un medio capaz de destruir totalmente a la sociedad, de hecho la está destruyendo y es porque el sonido influencia al ser humano completamente. El sonido se trasmite a casi todos los centros nerviosos y órganos del cuerpo.
Casi todos cuando escuchamos el retumbar de un trueno, nos estremecemos instintivamente porque tenemos más terminales nerviosos en el oído que en ningún otro sentido. Dios así nos hizo y permitió que el sonido fuera importante para nosotros. En el capítulo 32 de Éxodo, está el relato de Moisés y Josué, Moisés era un anciano y Josué un joven, subieron al monte para recibir de Dios los diez mandamientos. Josué subió un poco y Moisés hasta la cima. Estando allí, Dios le avisó a Moisés que había problemas en el campamento, recibió un aviso previo. Ya más adelante los dos venían descendiendo del monte juntos y escucharon el clamor que provenía del campamento. Leemos que dice el versículo 17: "Cuando oyó Josué el clamor del pueblo que gritaba, dijo a Moisés: Alarido de pelea hay en el campamento". Pero... ¿Tenía razón? Aunque eran alaridos, no eran de guerra, parecían más bien música rock, como el rock cristiano.
Observe que aquí la palabra "clamor" significa ruido, quiere decir cacofonía, sonido completamente desorganizado, aunque algunos no comprenden esto. Cuando Moisés volvió a hablar, dijo: "No es voz de alaridos de fuertes, ni voz de alaridos de débiles; voz de cantar oigo yo" (Ex. 32:18). Y usó el mismo vocablo hebreo que significa ruido. Algo tenía el canto del pueblo que le dijo a Moisés que había pecado en el campamento. Recordará que tomó las tablas de la Ley y las rompió.
Algunos dirán, pero el Salmo 66:1 dice: "Aclamad a Dios con alegría, toda la tierra", ¿no es eso lo que debemos hacer? Están muy equivocados, la palabra que se emplea aquí es muy diferente; el término hebreo que se traduce como "Aclamad" significa un sonido organizado, hermoso. Dice en efecto: "Hagan un sonido fuerte para el Señor". Y la gente mal interpreta esto y dicen: "pero la Biblia dice, 'Alabad (a Dios) con címbalos resonantes', entonces, ¿por qué no podemos usar amplificadores?"
Dios se refiere al sonido natural. Si una congregación numerosa canta toda junta, no podría producir un sonido que dañe el oído. Si cantáramos a todo volumen no podríamos dañar el oído. Incluso, si cada uno tuviera un instrumento y fuéramos una orquesta, una banda, no podríamos tocar con un volumen suficiente para dañar nuestros oídos, no se puede. La única manera de hacerlo es con sonido electrónico, artificial o mecánico. Puedo conectar un amplificador con grandes parlantes y dañar sus oídos en cuestión de minutos. Dios no se refiere a eso. Ese es un abuso del concepto y cuando dice "Aclamad" es algo totalmente diferente al "clamor" que oyeron Moisés y Josué.
Uno de mis personajes favoritos en la Biblia es Samuel. Lo veo y pienso: "Cómo quisiera ser como él". Leo de José y Samuel y pienso: "¡Qué grandes hombres!", pero cuando veo a Jacob digo: "Ese soy yo". Vemos a Samuel, que siendo un niño su madre lo entregó a Dios y lo llevó al templo para estar con Elí y sus hijos impíos. Si yo me hubiera encontrado en una situación similar, me habría retractado, habría dicho: "Señor, no vas a pedirme que deje a mi muchachito en esta situación". Pero la madre de Samuel lo había prometido a Dios y Dios lo cuidó. Seguramente parte del trabajo de Samuel era cuidar al viejito Elí.
Mis padres ancianos vivieron con nosotros durante cinco años. Sé lo que es cuidar ancianos. Mi padre vivió hasta los 89 años, pero tuvo su primera embolia 26 años antes. Supongo que parte del trabajo de Samuel era estar posiblemente en la misma habitación con Elí, ya que si necesitaba algo a medianoche Samuel estaba allí. Tal vez recordará que cierta noche el Señor llamó a Samuel. Samuel saltó de su cama y corrió a donde estaba el anciano muy cerca, y le pregunto: "¿Para qué me llamaste? Y Elí le dijo: Yo no he llamado" (1 S. 3:5b). Eso me dice que Samuel estaba tan atento a la voz de Dios, que bastaba que el Señor hablara en voz bajita para que Samuel lo oyera tan fuerte hasta pensar que era el anciano que tenía cerca. Conozco a personas, adultos y jóvenes, que si Dios les hablara con un trueno no lo escucharían. Han permitido que el mundo, la carne, el diablo y la música del mundo ahoguen la voz de Dios. Sus oídos están cauterizados de modo que si el Señor les hablara no lo escucharían, por eso están oyendo toda clase de voces que no debían y haciendo cosas indebidas.
En Marcos 4:24, Jesús dijo: "Mirad lo que oís..." Cuiden lo que oigan. No sean indiscriminados. Pero el Señor va un paso más allá en Lucas 8:18, dijo: "Mirad, pues, cómo oís..." O sea que debemos usar el discernimiento. Cuando oigan el sonido usen el discernimiento para saber de qué se trata. No escuchen indiscriminadamente pensando que no lo pueden controlar. No sólo lo que oyen sino cómo lo oyen para separar lo bueno de lo malo, porque muchas voces están enseñando el error y Dios quiere que desarrollemos discernimiento en el asunto de oír, para que podamos, tal como dice Efesios 5:10, "Comprob[ar] lo que es agradable al Señor".
Ya nos referimos a Dios como "El Dios de la Música", pero ahora hicimos referencia al "Mensaje de la Música", la necesidad de discernir lo bueno de lo malo y de tener en nuestra vida la música que Dios quiere.
martes, 25 de noviembre de 2008
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